Los disfraces, grandes amigos del entretenimiento

El confinamiento ha provocado, este pasado mes, que la creatividad de las madres y padres de España haya alcanzado cotas inimaginables. En mi caso, hemos probado todo tipo de manualidad, incluso cambiando los materiales necesarios para hacerlas porque como no podíamos comprar nada solo podíamos recurrir a los materiales que había por casa. Hemos plantado semillas en cartones de leche, fabricado palmas con cartulina el Domingo de Ramos, pintado carteles con arcoíris para colgarlos en ventanas y balcones, creado vídeos divertidos con músicas para las abuelas y los tíos y prácticamente hemos hecho todo lo que se nos ha pasado por la cabeza. Sin embargo, lo que más está dando de sí, ha sido la creación de disfraces.

Obviamente, como casi todas las familias españolas, tenemos un baúl o maleta llena de disfraces de años pasados, algunos comprados y otros fabricados con lo que teníamos, así que sacamos todo lo que teníamos y creamos disfraces nuevos con ellos.

¿Con qué contábamos? Pues sacamos dos disfraces de indios de hace mil años, adultos, que no sé ni dónde los adquirimos, los disfraces de los niños del año pasado que compramos en Ideal Fiestas, varios disfraces fabricados por las abuelas, algunos para los peques y otros para los adultos, y muchos complementos: gafas, pelucas, gorros y bisutería. Luego, además de todo eso, por supuesto, sacamos nuestra caja de plástico repleta de material de manualidades.

En esa caja cada vez quedan menos cosas pero lo básico sigue estando: goma eva, purpurina, silicona caliente, etc.

¿Cómo empezó el juego? Pues se trataba de crear nuevos disfraces con lo que ya teníamos y con lo que podíamos encontrar por casa. Pero ese era solo la primera fase, la segunda fue crear un cuento con un baile disfrazados de los personajes que habíamos creado, grabarlo en vídeo para la posteridad (como decimos en casa) y luego dejándoles jugar a sus anchas con esos disfraces hasta que se cansaran.

¿Y qué hemos conseguido con esto? Tener a los niños entretenidos y lejos de las pantallas de televisión, móviles y ordenadores, la mayor parte del día. Por la mañana, después del desayuno, se hacían los deberes y después empezábamos la creación de disfraces mientras los adultos limpiábamos y hacíamos la comida yendo y viniendo. Luego, a comer, y durante la siesta, los niños tenían que inventar ese cuento maravilloso.

A las 17:30 en punto empezábamos a disfrazarnos con maquillaje incluido, y a las 18:00 se escenificaba el cuento, que como mucho duraba 15 o 10 minutos. A las 18:30 los adultos estamos libres para ducharnos y descansar, mientras ellos jugaban un rato más con sus nuevos personajes. Normalmente aguantaban, como mínimo, hasta las 19:30, que ya era una buena hora para ir a la ducha, empezar a hacer la cena sobre las 20:30, y a las 21:00 todos cenando. ¿Y por qué? Pues porque a las 22:00 pasaban dos cosas: si era entresemana los peques podían ver un par de capítulos de dibujos de alguna sería que, como mucho, acababan a las 23:00 y tocaba dormir, y si era fin de semana tocaba peli familiar en el salón.

Los beneficios

Gracias a este juego-pacto entre todos, ganamos mucho, tanto los niños como los adultos. Eso sí, hay que hacer cambios de vez en cuando, y para ello contamos con los días internacionales de… Por ejemplo, como ya he comentado, el domingo de Ramos tocó hacer palmas y se modificó el plan, el 27 de marzo “Día del Teatro”, tuvimos que crear con cartulina nuestro propio escenario para muñecos varios, el día del autismo (jueves 2 de abril) buscamos todo lo que había por casa de color azul y decoramos nuestro balcón en honor a ellos, el día 7 (día mundial de la salud) hicimos dibujos para los héroes de la crisis, el personal sanitario, el día 22 de abril es el día de la Madre Tierra, y ese día teníamos que reciclar, plantar semillas, leer un cuento sobre naturaleza y buscar información sobre un tema que elegimos al azar…

¿Sabéis por qué hicimos todo eso? Porque la rutina de los disfraces cansaría si no la aliviáramos con días especiales.

Luego, por supuesto, hay que adaptarse. Si tus hijos son más tranquilos y duermen la siesta, por un lado te doy mi más sincera enhorabuena, y por otro lado tendrás que modificar horarios en la actividad diaria que hacíamos nosotros.

Pues bien, esta actividad de creación de disfraces y utilización de los mismos en pro de un entretenimiento fantástico diario he de reconocer que ha sido todo un acierto. De hecho, hemos decidido que en casa se hará un día al mes desde ahora, y os doy los motivos para ello. Jugar con disfraces:

  • Desarrolla la empatía de los niños al ponerse en la piel de otro, aunque sea de un personaje inventado.
  • Les ayuda a socializar, aunque en este caso sea entre hermanos o familia.
  • Les ayuda a abrirse al mundo, dejando atrás la vergüenza, algo que necesitarán para hablar en público cuando estén en clase en el colegio y tengan que exponer un trabajo o algo similar.
  • Les divierte siempre.
  • Desarrollan habilidades comunicativas cuando crean los diálogos del cuento y los ponen en marcha.
  • Fomentan el desarrollo emocional al poder expresar emociones y sensaciones a través de personajes ficticios que viven una situación concreta.
  • Y por supuesto, fomentan la creatividad

Decoración basada en la psicología

Es muy curioso que con la cantidad de cosas que sabemos ahora, y que antes no sabíamos, no utilicemos todos esos nuevos conocimientos en el día a día. Hace cosa de un mes, una amiga entró en una especie de bache que no voy a llamar depresión (porque eso es una enfermedad que se debe diagnosticar por un profesional) pero que provocó que no estuviera bien en ningún ámbito de su vida. Estaba apática, no quería salir de casa, no tenía ganas de quedar con sus amistades, tenía que hacer grandísimos esfuerzos para levantarse e ir a trabajar, etc. Yo decidí que tenía que ayudarla.

Antes de nada he de decir que lo primero que le aconsejé es que acudiera a un profesional especializado, es decir, a un psicólogo, pero su negativa fue tan rotunda que esa posibilidad quedó bastante desplazada. No obstante, siempre debe ser este el primer paso, pues buscar ayuda no es nada malo y puede ayudarnos a sentir mucho mejor. Esta psicóloga ubicada en el centro de Valencia, Leonor Fernández Doménech, tiene consulta online y como mi amiga no quería salir de casa le propuse también llamarla para concertar una cita a través del ordenador, tampoco quiso intentarlo. Personalmente creo que este tipo de servicio, el de consultas online, puede ayudar a personas que tienen cierta timidez o reparo ante la posibilidad de ir a un psicólogo. El problema era que en este caso siempre obtenía un “NO” como única respuesta y tampoco puedes llevar a alguien a un médico a punta de pistola, ¿no?

Intenté animarla proponiéndole de todo: vamos al cine, vamos a hacer una escapada el fin de semana, vámonos de rebajas y no conseguí una respuesta afirmativa en ningún caso, salvo cuando, hablando en su casa, me dijo que le gustaría cambiar la decoración del salón y yo me até a esa idea como loca y le propuse redecorar toda la casa. “¿Por qué no?” me contestó.

La decoración y la psicología

Inmediatamente después pensé que esa actividad podía aprovecharla en positivo pues, además de mantenerle la cabeza ocupada en algo y de conseguir que se ilusionara, yo era consciente de que existen muchas teorías sobre cómo influye la psicología en la decoración y viceversa, aunque en ese momento solo sabía a ciencia cierta que había una teoría sobre la psicología del color que quería leer atentamente.

Leí muchísimo al tiempo que visitábamos muchísimas tiendas de bricolaje y decoración. Fuimos a Bricodepot, a Leroy Merlín, pasamos horas viendo Amazon y yo, mientras tanto, leí mucho sobre psicología holística en Psycholístic y otras webs especializadas. Gracias a ello, descubrí que el baño puede convertirse en un remanso de paz gracias a una pequeña reforma y unos toques de decoración, puede ser un “spa” privado, un espacio reservado a la intimidad de una persona donde relajarse y conectar con uno mismo así que la convencí para empezar por ahí. BañoSpacio se encargó de hacer la obra porque por mucho que nosotras quisiéramos, no habríamos podido instalar la bañera que elegimos ni con todo el tiempo del mundo, pudieron cambiar la bañera por el plato de ducha en un abrir y cerrar de ojos. Pero el resto fue cosa nuestra.

El color predominante fue el blanco, con toques de azul, pues leí que esos son los colores que se asocian a  la higiene y al agua, por lo que nuestro cerebro hace que nos sintamos más “limpios” rodeados por esos colores. Pusimos velas aromáticas, y pintamos los azulejos con pintura especial para no tener que gastar en alicatado. El resultado fue sorprendente.

La segunda estancia a reformar tenía que ser el salón comedor y lo primero que le propuse es tirar un tabique que estaba en medio de la sala, supuestamente para separar ambientes, y que no tenía ningún sentido y Arca SL se encargó de la tarea porque el problema no era tirar el tabique, el problema era que luego en el espacio en el que estaba ubicado faltaba suelo y habría que arreglar ese trozo de pared en el que estaba pegado. Gracias a ellos todo quedo impecable en menos que canta un gallo, y nuestra mano empezó a redecorar toda la estancia.

Leí que una doctora en Diseño y Entorno Humano de la Universidad Estatal de Oregon (EEUU) quiso saber el efecto concreto de las líneas rectas y curvas del mobiliario en el ánimo de los usuarios  y realizó un estudio al respecto en el que concluyo que cuanto más sinuosas eran las formas, mejor se sentían los usuarios. Por eso decidí que ese mueble de televisión simple y recto debía desaparecer y, en su lugar, instalamos un pequeño mueble minimalista con dos estanterías superiores donde predominaban las líneas curvas, aunque suaves.

Pintamos las paredes de color blanco impoluto y utilizamos los textiles nuevos que compramos para dar un toque de color en amarillo, un color que la psicología dice que es muy alegre. Pusimos cojines amarillos sobre su sofá chaiselonge gris marengo, y luego conseguimos algún toque más con un jarrón de cristal con un tono amarillo suave, dos velas aromáticas amarillas que metimos dentro de un centro de mesa que hicimos nosotras mismas con arenisca y plantas de plástico y también pusimos bien visible en una vitrina una vajilla que nunca usa por ser la típica “de gala” y que tiene un color amarillo muy divertido.

El cambio fue impresionante y lo único que hicimos fue cambiar el mueble del televisor, poner toques amarillos por el salón y quitar un tabique, ya que las paredes ya eran blancas anteriormente, solo les “lavamos la cara”.

Pues bien, no creo que fuera solo por la redecoración de su casa, yo creo que fue por mantenerse activa, por ilusionarse con algo, por mantener la cabeza ocupada en cosas y luego porque el resultado fue fantástico, pero conseguimos el objetivo inicial: que ella estuviera mucho mejor.

Joyas personalizadas

Hoy os traigo un par de ideas para crear joyas personalizadas. Esta actividad es genial para hacerla uno mismo, porque nos guste, pero también para pasar una tarde de manualidades en familia. Normalmente a los niños y niñas les suele gustar mucho la idea de crear este tipo de complementos para regalárselos después a familiares o amigos, y de paso siempre se aprende algo nuevo.

Hoy por hoy el tema de la joyería está cambiando mucho. Siempre hay quien valora el anillo o el collar por su valor económico, de hecho todos lo hacemos pero básicamente porque a nadie le amarga un dulce, pero también son muchos los que valoran el valor del recuerdo de la joya personalizada, de ahí que muchísimas joyerías hayan optado por crear colecciones de este tipo. Una de las últimas colecciones que llamó mi atención fue la de profesiones de Joyería Lorena,  que está formada por pulseras con colgantes cuyo diseño se relaciona con la profesión a la que están dedicadas. Por ejemplo, la pulsera de la doctora tiene 4 colgantes, uno es la fachada de un hospital, otro es un fonendo, otro es un corazón con la línea del pulso encima y el último es un Vademecum. La pulsera de la profesora lleva un libro del abecedario, una regla, la fachada de una escuela y una bola del mundo. Y así muchísimas más.

Obviamente aunque nosotros queramos imitar algo similar nos es prácticamente imposible porque hablamos de un diseño y de un trabajo del acero que no todo el mundo puede hacer, tanto por falta de herramientas como por falta de experiencia, pero sí podemos crear otro tipo de joyas.

Joyas de Tela

Aunque a priori suene raro, podemos crear joyas de tela que son una maravilla. Por ejemplo, si compramos trapillo, o lo creamos nosotras a base de tiras de camisetas viejas, podemos crear collares fantásticos.

Idea 1: sobre una cadena de acero ves atando tiras de trapillo en la parte inferior hasta crear una preciosa gargantilla. El largo de las tiras lo decides tú.

Idea 2: Cobre un aro relativamente grande, ata tiras de trapillo bastante largas en un extremo. Al otro lado de las tiras puedes poner bolitas de abalorio o cualquier otro adorno que te guste, luego ponlo alrededor de tu cuello como si fuera una bufanda dejando delante el aro y los abalorios.

Idea 3: con tela, ganchillo, hijo o trapillo crea tiras y átalas a unos enganches previamente adquiriros. Tendrás una pulsera de tela preciosa.

Joyas con productos de la naturaleza

Se me vienen muchas ideas a la cabeza y en todas necesitaréis hilo grueso, o tiras de cuero o incluso cuerda fina.

Idea 1, caracolas: con caracolas o conchas de mar podemos crear pendientes, pulseras y collares. Tal vez lo menos aconsejado sean los anillos, por el tamaño que tendrían los mismos, pero aun así todo depende de lo mañosa que seas y de la creatividad que desprendas.

Idea 2: hojas de pino: como ya sabéis, las hojas de pino con estrechas y largas, muy largas, así que si las cogemos cuando están muy verdes y son más flexibles, podemos anudarlas unas a otras para crear fantásticas pulseras.

Idea 3; hojas: para crear estas joras necesitarás bicarbonato pero el proceso de muy sencillo. Primero vierte bicarbonato en una pequeña olla y caliéntalo mientras lo remueves. Poco a poco ve añadiendo agua caliente y deja que hierba, luego echa en la mezcla las hojas naturales que vayas a utilizar y déjalas un rato. Añade más agua y deja que todo siga hirviendo. Luego extrañe las hojas y viértelas en agua fría. Una vez enfriadas sácalas una  auna y con la ayuda de un pincel o un cepillo de dientes, ve retirando todo el cuerpo de la hoja, dejando solo el esqueleto. Deja secar luego el esqueleto entre las hojas de un libro por 48 horas y con barniz transparente dales una capa. Es mejor el barniz en espray. Luego añade lejía  aun recipiente y sumerge las hojas. También puedes pintaras dándoles un efecto metalizado o introduciéndolas en tinte de ropa. Y ¡Voila! Ya podrás usarlas en cadenas, tiras de tela, soporte de pendientes o lo que quieras para tener unas bonitas joyas de hojas naturales.

Otras ideas: joyas con piedras de colores, joyas con lazos de cuero, joyas de hilo, joyas con colgantes de madera tallada a mano, joyas de cuentas de abalorios, collares de pompones de tela, anillos de alambre dorado, etc.

Escapada histórica

A los niños de 12 años, por regla general, les gustan los superhéroes de Marvel, que están tan de moda, o las princesas de Disney, o los coches de carreras, o los animales… pero ¿conocéis a algún niño que sea amante de la arqueológica y la historia a esa edad? Yo sí, el mío. Pero lo extraño es que no es el típico niño estudioso que usa gafas (vivan los estereotipos) y se pasa el día conectado al ordenador. No, a él le gusta el fútbol, salir a jugar con sus amigos y pasarse las horas en la piscina de la urbanización mientras haga buen tiempo.

Es un niño normal, se pelea con su hermana cuando está viendo la tele y ella se pone pesada, hace dibujos de monstruos feos a los que les pone nombres como si fuera uno de los niños de “Stranger Things” y hubiera creado al Demogorgon.  Pero luego, cuando su padre se pone un documental de arqueología, él abre los ojos como platos, se sienta a su lado en el sofá, y se queda embobado viendo restos egipcios, romanos, griegos, íberos o lo que le echen. Pero aún hay más, y es que esa pasión por la arqueología hizo que empezara a preguntarle a su padre cosas de esos tiempos, de esa época, y él, como si fuera un cuentacuentos, le contaba los mitos griegos, la conquista de Alejandro Magno o las barbaridades que hizo Calígula. Ahora su regalo favorito para Navidad o cumpleaños son libros de historia. Si alguien le regala un videojuego lo agradece, juega, se lo pasa bien y se divierte, pero quien le regala un libro de historia tiene un hueco en su corazón para toda la vida.

Por eso, y a pesar de que el buen tiempo me tentaba a coger el coche e ir hacia el sur, a disfrutar del sol y de las terracitas del verano, el pasado puente del 1 de mayo, el día del trabajador, llenamos las maletas de ropa, las lazamos al maletero, y pusimos rumbo a Úbeda y Baeza, dos localidades con las que el pequeño está obsesionado desde que leyó, vete tú a saber dónde, que son la perfecta imagen del medievo español.

Úbeda y Baeza

Ambas ciudades están catalogadas como Patrimonio de la Humanidad y se encuentran en la provincia de Jaén, así que podríamos decir que sí que fui hacia el sur, solo que en búsqueda de otras joyas que nada tienen que ver con la playa y el sol.

Las llaman joyas renacentistas y tienen razón al ponerles ese mote porque creo que son de las pocas ciudades que se conservan tan bien en nuestro país. Tienen palacios e iglesias en casi perfecto estado que datan del siglo XVI y XVII, pero lo verdaderamente magnífico es caminar por las calles de esas localidades, son estrechos callejones de ambiente medieval y arcos que dividen plazas. Ahí radica el verdadero encanto de Úbeda y Baeza.

Para detallaros mejor los monumentos debería traer aquí a mi hijo, y que fuera él quien redactara lo increíble que es la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda, o la Catedral de Baeza, pero a cambio de mi hijo, lo que os recomiendo es que reservéis una visita con visitaubedaybaeza.com, una guía turística de la zona que narra las historias de ambas ciudades con una pasión que hipnotiza. Se llama Mª Jesús Ruiz, y es un encanto.

Se cuenta que Úbeda fue fundada por un descendiente directo de Noé, el del arca. Es más una leyenda que otra cosa, pero para los lugareños es algo de lo que sentirse orgullosos. Basándonos en la arqueología, hasta ahora se han descubierto asentamientos de la Edad de Cobre, en lo que actualmente es el Cerro del Alcázar por lo que se cree que Úbeda cuenta con unos mil años de antigüedad. Se trata de la ciudad más vieja científicamente documentada de Europa occidental.

Baeza, por su parte, tampoco se queda atrás pues ha encontrado signos de habitantes de la zona en el V Milenio a.C., casi todo proveniente de grupos epipaleolíticos, cazadores y recolectores. 

En el Cerro del Alcázar, al sur de la ciudad, existió una de estas ciudades íberas durante al menos trescientos años. Estaba amurallada y con cabañas intramuros bajo las cuales se llevaban a cabo enterramientos. En dicho cerro se ubicaron sucesivos poblados íberos a partir del siglo IV a. C.

La verdad es que no me arrepiento de este viaje, y mucho menos de ver a mi hijo emocionado contándome todo lo que veíamos porque se lo había estudiado previamente. Tal vez, quien sí se arrepienta sea mi otra hija, que se aburrió como una ostra y tuvo que andar “demasiado”, como dice ella. Pero imagino que también se quedaría con algo de cultura, ¿no?

Es posible que el próximo viaje sea elección de la peque, quien se ha empeñado en un crucero por el Mediterráneo y aunque mi primer impulso fue decirle algo así como «¿te crees hija de millonarios o qué?» la verdad es que a mí también me hace mucha ilusión y me he enterado de que los menores pagan bastante menos que los adultos, mucho menos de lo que yo pensaba. Mi idea es salir desde el puerto de Barcelona o Cartagena, que también tiene buenos cruceros, de hecho me recomendaron que contratara los servicios de Shore Spain Tours en Cartagena si decidíamos tener ese puerto de salida porque hacen unas visitas estupendas al teatro romano y claro, mi hijo ahí fliparía. Pero bueno, esa será otra experiencia…

¿Solo un juego de frikis?

¿Habéis probado alguna vez a jugar rol? Lo hay de muchas clases y el original, el de las cartas, los tableros de mesa y la fantasía se remonta a muchísimos años atrás. Si bien es verdad que en España no estaba igual de extendido, en Estados Unidos los juegos de cartas de rol eran algo cotidiano y lo podemos ver en “Strainger Things”, la afamada serie ambientada en los años 80 de Netflix, cuyo primer episodio comienza con los niños protagonistas jugando a rol sobre la mesa del sótano de Mike.

Desde entonces, todo ha evolucionado, y podemos encontrar juegos de mesa, juegos de cartas, rol en vivo y mucho más. El problema es que en este país, así como en otros, se ha asociado este tipo de juego a chavales que se engloban en un grupo social acuñado con el término friki o incluso nerd, y esto ha provocado que muchos de nosotros, algunos con mayor interés y otros con menos, hayamos pasado un poco del tema pensando que este tipo de actividades no iban con nosotros. Pues bien, yo hoy os aseguro que solo es un juego más y que hoy en día, las partidas de LARP (juegos de rol en vivo) son una experiencia digna de ser vivida al menos una vez en la vida.

Eso sí, estos juegos no son aptos para gente in imaginación, pues todo el juego se basa en ella, así que si eres poco creativo cambia de artículo y busca otra actividad que vaya más con tu personalidad.

El rol en vivo

Una buena partida de rol te adentra en mundos ficticios, de fantasía o no, y te hace vivir experiencias únicas. Para poner un ejemplo a todos aquellos que aún no terminan de comprenderlo hablaré de las conocidas habitaciones de escape que tan de moda se han puesto estos últimos años en nuestro país. En ellas, alguien te cuenta una historia para que te creas dentro de un mundo diseñado para que vayas pasando una serie de pruebas de agilidad mental sin las que jamás podrás resolver el enigma. Ese enigma puede ser el descubrimiento de un tesoro, de un asesinato, de la salida y de muchas otras cosas más. Pues bien, esto son partidas de rol en vivo controladas por los creadores de la actividad y de la habitación de escape room y, como veréis, hasta los grupos de chicos y chicas más cool disfrutan de este tipo de partidas.

Hoy en día, el rol en vivo está tan extendido que hay festivales muy importantes por toda Europa, los más conocidos y famosos son “Conquest of Mythoidea” y “DrachenFest”, y ambos tienen lugar en Alemania durante los meses de verano.

Drachenfest se celebra todos los años en el mismo lugar: el valle de Diemelstadt, entre Düsseldorf y Hannover, y suele durar entre cuatro y cinco días. Este festival transcurre en un pueblo real que añade ocho campamentos y en el que se libran las diferentes batallas y misiones. El juego dura las 24 horas del día y nadie puede salirse del personaje ni un instante. Los participantes deben vivir su experiencia lo más real posible y lo más ligado al gremio al que han elegido pertenecer. Cocinan, duermen y conviven en un campamento que construyen ellos mismos y que desaparecerá en cuanto termine la partida. Los diferentes campamentos deberán enfrentarse en unas batallas en las que podrán aliarse o traicionarse, infiltrarse o esconderse de sus adversarios y en las que solo uno resultará vencedor.

Ahora bien, para poder participar no solo debes llegar allí con ganas de pasarlo bien y con la mente bien despierta, sino también bien equipado. En España aún son pocas las tiendas especializadas en LARP pero tenemos una de las mejores al alcance de nuestra mano, Evil Tailors, donde encontraremos trajes de todo tipo, incluso inspirados en series de televisión tan actuales como “Juego de Tronos”.

En España el formato de rol en vivo suele durar un fin de semana y se realiza en diferentes puntos de la península. Los participantes pagan entre 100 y 150 euros, dependiendo de la época del año, por asistir a estos eventos y solo está incluido el derecho a acampar en la parcela del campamento correspondiente. Comida y demás corre a cuenta de cada participante. No obstante, la organización proporciona algunos servicios fuera de la zona de juego, como duchas, baños, zonas de recogida de basuras y aparcamientos. Las tecnologías están prohibidas, lo que hace vivir esta experiencia lo más real posible.

¿Qué, te animas a vivir una experiencia de rol? Es totalmente recomendable.

Un descanso sin niños

Ir de vacaciones en familia es maravilloso y yo no lo cambio por nada. Las actividades, las experiencias, las risas de los más pequeños de la casa, su carita al ver cosas nuevas… es todo fantástico. Sin embargo, de vez en cuando, nunca viene mal dejar a un lado las responsabilidades y descansar de verdad, saber que los niños están atendidos con la abuela y olvidarte un poco del “mamá” o “papá” por unos días.

Unas vacaciones en  pareja, sin niños, puede ser lo que el matrimonio necesita para superar algún pequeño bache, e incluso aunque no lo haya, a veces es necesario tomarse ese descanso sin niños. Ahora bien, cuando hablo de descansar “sin niños” hablo de hacerlo sin los tuyos y sin los del resto de turistas porque al final, aunque no tengas a los tuyos pidiéndote un helado o gritando sin parar, si tienes a otros niños saltando en la piscina a medio metro de ti mientras se lanzan agua y corretean a tu alrededor, el descanso no surtirá efecto.

Ojea opiniones y noticias en red

Ten en cuenta que, a no ser que haya un viaje cultural especial que siempre hayas querido hacer con tu pareja en solitario, lo normal es que en este tipo de viaje de “descanso sin niños” lo que importe no es el dónde, sino el cómo y el con quien. Es decir, queremos relajación, servicios de calidad, habitaciones espaciosas y un poco de lujo a tu alcance, pero todo eso solo se consigue encontrando un buen hotel en el que las familias con niños gritones no tengan cabida. Ahora bien ¿cómo encontrarlo? Yo os recomiendo la búsqueda online.

Encontrar opiniones de otros viajeros es, hoy en día, bastante sencillo con plataformas como Trpadvisor o Booking, pero si a eso le sumas alguna que otra noticia relacionada con el sector tendrás el éxito asegurado. Si buscamos hoteles con premios para hacer una primera selección en la que localizar hoteles con buenas puntuaciones nos aparecen, casi siempre, los premios “Traveller´s choice”, otorgados por Tripadvisor según las opiniones de los usuarios.

Personalmente me parecen los mejores premios en los que fijarnos puesto que, si el premio lo da una asociación, organización o empresa, el resultado de los mismos puede dependes (y mucho) del dinero que la cadena de hoteles haya pagado previamente. Cuando el premio lo dan los usuarios, entonces solo cuenta la opinión de los mismos y sus propias experiencias.

Además, lo bueno de estos premios, es que se dividen en categorías de hoteles por lo que, si buscas algo sin niños correteando por todo el recibidor, puedes saltarte la categoría “familiar” e ir directamente a lo que te interesa. Este año, la cadena de hoteles que ha dado el campanazo en estos premios ha sido Mercer Hoteles, que se ha alzado con ocho Traveller´s Choice, nada más y nada menos. Se trata de un grupo hotelero de lujo que cuenta con hoteles en  Barcelona, Sevilla, Donostia, Córdoba, Cerdanya (Pirineo Ctalán), etc. La singularidad de esta cadena hotelera es que los edificios en los que se enclavan sus hoteles no son de reciente construcción, sino que hablamos de edificios históricos que guardan maravillas arquitectónicas y que han sido rehabilitados y reformados para formar parte de la cadena.

Por ejemplo, el Mercer Sevilla está ubicado en la Casa Palacio Castelar, un palacete portugués del siglo XIX en el histórico barrio de El Arenal, en Sevilla. Solo tiene 12 habitaciones, y aunque al estar en pleno centro debe prescindir de grandes jardines, en su azotea han instalado una piscina con solarium y pool bar, toda una experiencia para los sentidos de los huéspedes.

Este año, además, la cadena incorpora dos nuevos hoteles. El Eme Catedral, también en Sevilla, y el Torre del Remei, que es el hotel que ha llamado mi atención. Se encuentra en el Pirineo Catalán y es un palacete de principios del siglo XX ubicado en unos jardines preciosos en medio de la naturaleza, junto al Parque Natural del Cadí. Sinceramente, me parece un lugar de ensueño que quiero disfrutar en mi próximo viaje de descanso “sin niños”. Y a esto es exactamente a lo que me refería: ¿había pensado yo en ir a Cerdanya? Obviamente no, sobre todo porque ni siquiera sabía de su existencia, pero ese hotel, con ese paraje, con esos servicios y con la atención que caracteriza a la cadena Mercer me ha ganado, y eso es lo que quiero: tranquilidad, naturaleza, relajación y que me lo den todo hecho, básicamente.

Por eso, y porque yo también lo necesito, lo más probable es que el año que viene mis hijos se vayan de campamento un par de semanas en verano, o se queden con la abuela, ¿quién sabe? Lo importante es que nosotros podamos ir al Torre del Remei a descansar ¿o no?

Enoturismo

¿Os gusta el vino? Quizás esa debería ser la primera pregunta a hacerse antes de plantearse la posibilidad de hacer algún tipo de actividad de enoturismo, aunque he de reconocer que a mí no me encanta y, sin embargo, lo he pasado muy bien en visitas a bodegas, catas y demás actividades similares. ¿Por qué? os preguntaréis algunos, pues es muy simple, porque no es lo mismo estar en casa y probar un vino fuerte en boca de un paladar no acostumbrado a él que estar bajo la atenta mirada de un enólogo y otros visitantes más esperando a ver tu reacción al catar ese sabroso líquido.

¿Sabéis cuál es el vino que yo bebo gustosamente? El blanco suave. Los dulces no me gustan, que quede claro, pero el vino blanco (espumoso o no) suele ser un buen compañero de aperitivos y comidas de pescado para mí. Los tintos, no obstante, no son mi fuerte, así que cuando tengo en la mesa un buen chuletón para comer, o una tabla de quesos, prefiero pedirme una cerveza.

El enoturismo está de moda

¿Sabéis qué cantidad económica mueve al año el enoturismo  en nuestro país? Pues estamos hablando de una friolera de 80 millones de euros con un aumento, en 2018, de un 20,5% de visitas a bodegas y museos del vino.

Y es que, por un lado, soy de las que opina que desde que aparecieron este tipo de actividades y espadas turísticas son muchos los españoles, y extranjeros, que ven en ellas un modo de hacer algo diferente que se sale de la rutina y que, seamos sincero, es muy elegante. Entre los veinteañeros queda muy bien eso de decir “me he ido a hacer rafting” o “este fin de semana he hecho un escape room”, pero entre aquellos que pasamos la treintena y rondan ya la cuarentena, queda muy elegante e interesante decir que nos hemos ido a hacer una visita enoturística a unas conocidas bodegas.

Pero ¿cómo es una visita de estas características? Pues todo depende de la bodega que vayamos a visitar, yo he estado en varias con amigos y en pareja, y la cosa cambia mucho dependiendo de cómo tienen montada la visita, o la cata, y de quien es el guía y el carisma que tiene.

Una de las mejores experiencias de enoturismo la viví en Bodegas Bocopa, muy conocidos por sus vinos de Alicante y, concretamente, su vino tinto de Alicante tipo Fondillón. Tienen varios tipos de visita, yo elegí la visita gastronómica porque iba con un gripo de amigos a pasar el día y la verdad es que fue todo un acierto.

La visita consta de una explicación en video donde podemos ver el nacimiento de las bodegas y la procedencia de la vid de sus vinos. Normalmente estos vídeos suelen aburrirme, pero en este caso está bastante bien montado y no se hace nada pesado. Dura algo menos de media hora.

Tras el video a modo presentación comienza la visita guiada por las bodegas y aquí es donde el guía puede cambiar, y mucho, la percepción del visitante. En este caso hablamos de un guía ameno, con gracia y con bastante carisma que nos hizo muy amena toda la visita. Al final de la misma, nos dieron a degustar tres vinos, con sus respectivas presentaciones, explicaciones y preguntas.

Todo esto acaba sobre las 13:30, hora en la que quienes no han contratado comida se marchan y los que sí la hemos contratado pasamos al comedor, un espacio muy bien acondicionado y elegante que no desmerece en nada a los buenos restaurantes. Además, la comida en sí, estuvo muy bien. No la recuerdo exaltantemente pero sé que nos pusieron varios entrantes y luego un plato principal elegir con bebida, postre y/o café.

Yo os recomiendo que busquéis algo así porque, si solo contratáis la visita, al final la experiencia acaba demasiado pronto, por lo menos para mi gusto.

Otras bodegas que he visitado y os recomiendo: Bodegas Francisco Gómez, Bodegas Mendoza, Bodegas Emina Rueda y Bodegas Carchelo. Ahora, una que no os recomiendo nada porque a mí no me gustó, y que quede claro que es una opinión personal, es la visita a las Bodegas Protos, fue muy sosa, sin gracia y todo acabó en un abrir y cerrar de ojos.