Los disfraces, grandes amigos del entretenimiento

El confinamiento ha provocado, este pasado mes, que la creatividad de las madres y padres de España haya alcanzado cotas inimaginables. En mi caso, hemos probado todo tipo de manualidad, incluso cambiando los materiales necesarios para hacerlas porque como no podíamos comprar nada solo podíamos recurrir a los materiales que había por casa. Hemos plantado semillas en cartones de leche, fabricado palmas con cartulina el Domingo de Ramos, pintado carteles con arcoíris para colgarlos en ventanas y balcones, creado vídeos divertidos con músicas para las abuelas y los tíos y prácticamente hemos hecho todo lo que se nos ha pasado por la cabeza. Sin embargo, lo que más está dando de sí, ha sido la creación de disfraces.

Obviamente, como casi todas las familias españolas, tenemos un baúl o maleta llena de disfraces de años pasados, algunos comprados y otros fabricados con lo que teníamos, así que sacamos todo lo que teníamos y creamos disfraces nuevos con ellos.

¿Con qué contábamos? Pues sacamos dos disfraces de indios de hace mil años, adultos, que no sé ni dónde los adquirimos, los disfraces de los niños del año pasado que compramos en Ideal Fiestas, varios disfraces fabricados por las abuelas, algunos para los peques y otros para los adultos, y muchos complementos: gafas, pelucas, gorros y bisutería. Luego, además de todo eso, por supuesto, sacamos nuestra caja de plástico repleta de material de manualidades.

En esa caja cada vez quedan menos cosas pero lo básico sigue estando: goma eva, purpurina, silicona caliente, etc.

¿Cómo empezó el juego? Pues se trataba de crear nuevos disfraces con lo que ya teníamos y con lo que podíamos encontrar por casa. Pero ese era solo la primera fase, la segunda fue crear un cuento con un baile disfrazados de los personajes que habíamos creado, grabarlo en vídeo para la posteridad (como decimos en casa) y luego dejándoles jugar a sus anchas con esos disfraces hasta que se cansaran.

¿Y qué hemos conseguido con esto? Tener a los niños entretenidos y lejos de las pantallas de televisión, móviles y ordenadores, la mayor parte del día. Por la mañana, después del desayuno, se hacían los deberes y después empezábamos la creación de disfraces mientras los adultos limpiábamos y hacíamos la comida yendo y viniendo. Luego, a comer, y durante la siesta, los niños tenían que inventar ese cuento maravilloso.

A las 17:30 en punto empezábamos a disfrazarnos con maquillaje incluido, y a las 18:00 se escenificaba el cuento, que como mucho duraba 15 o 10 minutos. A las 18:30 los adultos estamos libres para ducharnos y descansar, mientras ellos jugaban un rato más con sus nuevos personajes. Normalmente aguantaban, como mínimo, hasta las 19:30, que ya era una buena hora para ir a la ducha, empezar a hacer la cena sobre las 20:30, y a las 21:00 todos cenando. ¿Y por qué? Pues porque a las 22:00 pasaban dos cosas: si era entresemana los peques podían ver un par de capítulos de dibujos de alguna sería que, como mucho, acababan a las 23:00 y tocaba dormir, y si era fin de semana tocaba peli familiar en el salón.

Los beneficios

Gracias a este juego-pacto entre todos, ganamos mucho, tanto los niños como los adultos. Eso sí, hay que hacer cambios de vez en cuando, y para ello contamos con los días internacionales de… Por ejemplo, como ya he comentado, el domingo de Ramos tocó hacer palmas y se modificó el plan, el 27 de marzo “Día del Teatro”, tuvimos que crear con cartulina nuestro propio escenario para muñecos varios, el día del autismo (jueves 2 de abril) buscamos todo lo que había por casa de color azul y decoramos nuestro balcón en honor a ellos, el día 7 (día mundial de la salud) hicimos dibujos para los héroes de la crisis, el personal sanitario, el día 22 de abril es el día de la Madre Tierra, y ese día teníamos que reciclar, plantar semillas, leer un cuento sobre naturaleza y buscar información sobre un tema que elegimos al azar…

¿Sabéis por qué hicimos todo eso? Porque la rutina de los disfraces cansaría si no la aliviáramos con días especiales.

Luego, por supuesto, hay que adaptarse. Si tus hijos son más tranquilos y duermen la siesta, por un lado te doy mi más sincera enhorabuena, y por otro lado tendrás que modificar horarios en la actividad diaria que hacíamos nosotros.

Pues bien, esta actividad de creación de disfraces y utilización de los mismos en pro de un entretenimiento fantástico diario he de reconocer que ha sido todo un acierto. De hecho, hemos decidido que en casa se hará un día al mes desde ahora, y os doy los motivos para ello. Jugar con disfraces:

  • Desarrolla la empatía de los niños al ponerse en la piel de otro, aunque sea de un personaje inventado.
  • Les ayuda a socializar, aunque en este caso sea entre hermanos o familia.
  • Les ayuda a abrirse al mundo, dejando atrás la vergüenza, algo que necesitarán para hablar en público cuando estén en clase en el colegio y tengan que exponer un trabajo o algo similar.
  • Les divierte siempre.
  • Desarrollan habilidades comunicativas cuando crean los diálogos del cuento y los ponen en marcha.
  • Fomentan el desarrollo emocional al poder expresar emociones y sensaciones a través de personajes ficticios que viven una situación concreta.
  • Y por supuesto, fomentan la creatividad

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