Espeleología para toda la familia

No a todas las personas les gusta la espeleología. Antes de poder practicarla, incluso si a nivel turista, debes tener clara tu capacidad de aguante y calma en sitios cerrados y oscuro, incluso convendría saber exactamente el trazado de ruta que vas a hacer para confirmar si hay tramos con agua o tramos de altura con el fin de descartar ciertas visitas en caso de que sufras de vértigo por ejemplo. Sin embargo, si todo eso no te influye, es posible que vivas una de las mejores experiencias de tu vida en una visita guiada espeleológica.

La espeleología es la ciencia que estudia la morfología y formaciones geológicas en las cavidades naturales del subsuelo. Lógicamente, cuando hablamos de hacer una ruta o una visita espeleológica, no nos referimos a convertirnos en científicos y expertos en la materia en un solo día y acabar analizando la situación de una cueva, lo que pasa es que también se ha llamado espeleología, de forma errónea, a la actividad, más bien turística, de visitar cuevas acompañados por un guía profesional.

Esto debe quedar claro desde el principio: nadie debe entrar en una cueva que no conoce sin un guía especializado, absolutamente nadie. Los peligros de las cuevas pueden ser muchísimos, y de todo tipo, por lo que adentrarse en una sin conocimientos y sin guía puede ser una auténtica locura. De hecho, antes de hacer una barbaridad así, si tienes tentaciones, te recomiendo ver alguna película al respecto, pero no de miedo con monstruitos, sino de verdad, tipo “La Cueva” o “El Santuario”.

Una vez dicho esto he de reconocer que me encanta la espeleología. La primera vez que entré en una cueva de este tipo fue en Almería, con una agencia especializada. Y digo de este tipo, porque a las típicas Cuevas del Drac en Mallorca o a las Cuevas de Canelobre en Alicante he entrado más de una vez pero no tiene nada que ver.

Nuestra última experiencia

Mis hijos, lógicamente, no pueden hacer maravillas aún. Tienen cierta experiencia, y eso hace que haya deportes y experiencias que puedan vivir mejor que otros niños de su edad, pero obviamente son niños y, por ende, hay ciertas cosas que no pueden hacer como un adulto. Eso implica que cuando vamos a hacer alguna actividad tengamos que preguntar, antes de nada, si es apta para niños. Esto tenedlo muy en cuenta antes de reservar nada pues es muy decepcionante ir a algún sitio con una idea en la cabeza y llevarte luego el chasco de tu vida porque no puedes hacerlo. Esto, sobre todo, es primordial tenerlo en cuenta por ellos, ya que cuando tienen ilusión por algo y luego se cae la actividad por su propio peso los niños son quienes lo pasan peor.

Nuestra última experiencia espeleológica fue en Nerpio, Albacete. Tuvimos la suerte de alojarnos en El Cortijo El Sapillo, una casa rural que suele estar siempre llena por la demanda que tiene. Fuimos recomendados por unos amigos y merece la pena reservar con antelación pues no es solo la situación de la casa o lo bien conservada que está lo que hace de El Sapillo un lugar excepcional, sino también la amabilidad de los gerentes de la finca que, lejos de darte las llaves y desaparecer del mala, se ofrecen a ayudarte en lo que haga falta. Fueron ellos quienes nos pudieron en contacto con varias agencias de la zona que organizaban actividades de senderismo, rutas 4×4, tirolina y, por supuesto, espeleología.

Tengo suerte de que toda mi familia sea deportista y activa, porque de lo contrario no podría practicar ni la mitad de las cosas que hacemos en familia.

Al final, y tras mucho meditar, optamos por hacer la Ruta de la Cueva del Tejo. No es complicada, pero debemos tener en cuenta la altura a la que se realiza la ruta (1500 metros) y el desnivel que tiene, unos 153 metros. Dicho esto, repito, no es una ruta compleja, de hecho mis hijos no tuvieron problema para hacerla. Además es una ruta circular, lo que a mi me encanta porque odio pasar dos eveces por el mismo sitio.

Se supone que tiene una duración de unas 4 horas pero nosotros tardamos unas 5 en hacerla, supongo que somos algo más lentos por los peques, pero no demasiado. Eso significa que hay que llevar agua suficiente y un bocadillo o un sándwich para aguantar. También recomiendo algo de azúcar que nos dé un aporte extra de energía. Lo mejor, según mi experiencia, las chocolatinas.

La ruta hasta llegar a la cueva, por la Sierra de las Cabras, a pesar de que no ser muy espectacular guarda cierto encanto y cuenta con rincones muy interesantes, sobre todo llegando a la cueva, pues las vistas son maravillosas.

Sin embargo, lo verdaderamente gratificante para quienes hacemos esta ruta, no son las vistas panorámicas del paisaje exterior, sino las vistas del interior de la cueva.

Cueva del Tejo es angosta, estrecha y, por supuesto, oscura. No tiene dificultad, repito, no tiene dificultad, pero quienes esperen vivir una experiencia en una cueva grande es mejor que no planifiquen entrar en esta pues los espacios amplios brillan por su ausencia. Es una cueva repleta de estalactitas y estalagmitas, e incluso puedes jugar con los niños, si tienes, a buscarles formas, puede ser muy divertido.

También es especialmente interesante, cuando llegues a una zona más o menos espaciosa, optar por sentarte, junto al resto de tu grupo, en el suelo y, una vez estéis todos cómodos y seguros, apagad todas y cada una de las luces que llevéis encima, ya sean linternas de mano o de casco. Esta es la única forma de comprobar la verdadera oscuridad.

Estando en el campo, sin luces de ciudad cerca, puedes pensar que si apagas todo vivirás un momento de oscuridad, pero eso no es ni por asomo un atisbo de lo que realmente es no ver absolutamente nada. En este tipo de cuevas, una vez adentrado un poco y lejos de la entrada, no hay ni una sola gota de luz por lo que la “oscuridad” toma su forma más real y plausible.

No obstante, si no tenéis muy claro si podéis aguantar esta experiencia, es mejor no hacerla pues un ataque de pánico en esta situación podría ser bastante sencillo de obtener y eso no le gusta a nadie.

En general, tanto a los niños como a mí nos encantó la experiencia y repetiríamos sin pensarlo. Tal vez, la próxima vez, busquemos algo para hacer solo los adultos pues siempre te quedas con ese punto de ¿hasta dónde podría haber llegado sin los peques?

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