Cómo sentirse guapa alivia el estrés

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Relax y bienestar pueden ser sinónimos de belleza, del mismo modo que la belleza se convierte en bienestar y relax. Esta analogía es fácil de comprender cuando nos paramos a pensar que vivimos en una sociedad bastante superficial en la que prima el aspecto sobre la persona. Al menos en algunos entornos. No obstante, sentirse a gusto y bien consigo mismo es sinónimo de bienestar; de eso no cabe duda. Luego, lo que piensen los demás es otra cuestión que, en realidad, no debería causarnos ningún tipo de malestar.

La realidad es la que es y es muy habitual no sentirse guapa o guapo (algo cada vez más habitual), lo cual conlleva estrés, ansiedad y baja autoestima, por lo que los tratamientos de belleza y estética se convierten en actividades destinadas al relax. No hablamos de las complejas cirugías que suponen un estrés inicial; nos referimos a los tratamientos de belleza facial y corporal no invasivos. Esos que durante la sesión y tras ella generan una profunda sensación de relax y bienestar.

Cada vez es más frecuente acudir a un centro de estética y encontrar terapias antiestrés, lo que hace que ir a estos centros no signifique únicamente pasar por una depilación corporal o una limpieza facial. Cada vez son más los centros de belleza, los salones y los spas urbanos que incorporan protocolos pensados y diseñados exclusivamente para combatir un mal de muchos: el estrés crónico.

Esta tendencia no es una moda pasajera; a sus espaldas lleva números contundentes, como señala el Global Wellness Institute: el mercado global del bienestar creció cerca de un ocho por ciento entre los años dos mil veintitrés y dos mil veinticuatro. Una parte significativa de este crecimiento se debe a los tratamientos que se orientan a regular el sistema nervioso y reducir el estrés, por lo que vamos a conocer algunas terapias antiestrés que se realizan en los centros de estética y belleza de nuestro país.

El estrés llena las agendas de los centros de estética

Hasta hace poco, el bienestar emocional y los cuidados estéticos eran dos mundos totalmente opuestos. Si se acudía al médico o al psiquiatra o al psicólogo, no tenía nada que ver con las visitas al salón de belleza a hacerse una limpieza facial, una manicura… En la actualidad, podemos observar cómo esa línea que separaba bienestar y belleza se diluye con rapidez. En Linaje Centro de Estética, especialistas en rejuvenecimiento facial y remodelación corporal, diseñan los tratamientos con protocolos personalizados con tecnología avanzada, un diagnóstico profesional y cosmética de alta gama. El resultado: clientes satisfechas y muy pero que muy relajadas, debido a los resultados visibles desde la primera sesión.

Desde que se entra en este tipo de centros hasta que se sale de ellos, las sesiones se convierten en terapias antiestrés debido a que la piel, el tejido muscular y el sistema nervioso se encuentran profundamente interconectados. El estrés sostenido eleva el nivel de cortisol, hormona que, entre otras cosas, deteriora la barrera cutánea, acelera la inflamación, empeora el acné o la rosácea y contribuye a que se pierda el colágeno. Realizar un tratamiento sobre la piel sin tener en cuenta el estado nervioso de un cliente se ha convertido para los profesionales del sector en un enfoque incompleto, ya que es indispensable conocer ciertos aspectos para aplicar el tratamiento más adecuado.

A esto hay que añadir el cambio de mentalidad que se ha producido en los consumidores. La demanda de productos y servicios orientados a la relajación, el sueño y la gestión del estrés sigue aumentando, ya que la sociedad prioriza la salud mental como parte de la rutina de autocuidado. Lo que implica que aquellos clientes que acuden a los centros de estética no solo buscan verse bien en el espejo, sino que lo que quieren es sentirse mejor.

Esta nueva demanda ha derivado en un empuje hacia los centros de estética para que amplíen su carta de servicios. No es raro encontrar en estos centros tratamientos faciales de lo más avanzados junto a sesiones de flotación sensorial, cabinas de luz LED de espectro completo o masajes realizados con tecnología de vibración mecánica. La frontera entre el spa médico, el de bienestar y los centros de estética se ha tornado muy difusa de forma deliberada. Son muchos los centros pioneros que llevan años construyendo su oferta de servicios sobre este eje, en el que se integran deliberadamente las técnicas relajantes y la tecnología que responde al desgaste diario. Lo que hasta hace relativamente poco era una propuesta claramente diferenciadora entre los centros, se está convirtiendo en un estándar para el sector.

Son muchas las personas que llegan a los centros de estética en busca de un tratamiento específico y, al terminar la sesión, dicen que hacía mucho tiempo que no se sentían tan bien. Ese bienestar al que aluden va más allá de los resultados visibles del tratamiento. Se trata del efecto de haber parado durante una hora y de tomarse ese tiempo para escucharse y recibir. Un tratamiento de belleza se puede convertir en un refugio emocional y un espacio seguro en el que no se espera nada de la persona, salvo su presencia.

Al vivir en un entorno en el que todo va deprisa, el estrés y las exigencias personales se acumulan y la vida no se detiene; tener cita en un centro de belleza se convierte en un acto de amor propio que va más allá de la vanidad y se convierte en una necesidad emocional: parar, escucharse, recibir cuidados y sentirse bien, el primer paso para mejorar la relación con una misma.

Terapias antiestrés en los centros de estética

Podemos considerar cada tratamiento de belleza como una suerte de terapia antiestrés y de relax para quien se lo realiza. No obstante, existen terapias destinadas a aliviar el estrés que se están implantando en muchos centros de belleza. Una de ellas es la fotobiomodulación o terapia LED, probablemente la tecnología que con mayor rapidez ha pasado de las clínicas médicas a los centros de estética. Esta terapia consiste en la aplicación de luz de baja intensidad, por lo general mediante paneles de luz LED o máscaras sobre la piel del cuerpo. La clave de esta terapia se encuentra en la longitud de onda. Distintos colores de luz penetran a diferentes profundidades del cuerpo a través de la piel, generando diferentes respuestas biológicas:

  • El rojo, con una longitud de onda de entre 630 y 700 nm, estimula el colágeno y reduce la inflamación.
  • El infrarrojo cercano, con una longitud de onda de 800 a 900 nm, penetra el músculo y el tejido profundo, relajándolos.
  • El azul, con una longitud de onda de 415 a 450 nm, tiene un efecto antibacteriano y mejora el acné.
  • El amarillo, con una longitud de onda de 570 a 590 nm, tiene efecto calmante en la piel sensible y reduce las rojeces.

Para tratar el estrés, los protocolos más utilizados combinan la luz roja y la infrarroja cercana. La luz infrarroja penetra en el tejido muscular produciendo un efecto directo sobre las mitocondrias celulares, activando la producción de energía, reduciendo la inflamación y facilitando la relajación del sistema nervioso autónomo. Una sesión de veinte a treinta minutos mantiene al cliente tumbado bajo un panel de LED o con una máscara en la cara, en un ambiente tranquilo, y se ofrece como sesión de desconexión activa.

La crioterapia y la termoterapia, con su contraste térmico, son una de las herramientas más antiguas a la hora de regular el sistema nervioso. La crioterapia puede ir desde la aplicación localizada de frío con dispositivos de nitrógeno criogénico hasta las cámaras de cuerpo entero que llevan la temperatura corporal exterior hasta los -110 °C y los -140 °C, durante dos o tres minutos. El frío extremo y controlado provoca una vasoconstricción intensa seguida de una vasodilatación marcada. Como resultado, se obtiene una mejora de la circulación, se reduce la inflamación y se produce una descarga notable de endorfinas, las cuales actúan como ansiolíticos naturales.

La termoterapia aprovecha el calor infrarrojo de onda larga para producir relajación muscular profunda, mejorar el drenaje linfático y preparar la piel para la absorción de activos. La combinación de ambas terapias está despertando gran interés en los centros especializados, ya que alternar el frío y el calor de manera controlada activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la calma y la recuperación.

Otra de las terapias más solicitadas son los masajes con tecnología integrada. El masaje clásico evoluciona y los centros de estética incorporan dispositivos que amplifican los efectos relajantes del masaje manual con tecnología como las plataformas de vibración mecánica, que aplican vibraciones de baja frecuencia estimulando el sistema neuromuscular y reduciendo la tensión profunda; las camas de hidromasaje de última generación; y los masajes con herramientas calefactadas o criogénicas como piedras volcánicas, bolas de jade refrigeradas o cabezales de masaje eléctrico.

Existen más terapias en los centros de estética destinadas a la relajación. Independientemente de la terapia elegida, si es un tratamiento de belleza como tal o se trata de uno antiestrés, el efecto siempre es positivo y ayuda a mejorar la autoestima, reducir el estrés y, en consecuencia, sentirse mejor consigo mismo o con una misma.

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